Trazado de V.·. M.·. Henry Hernández Rodríguez de la R L Caballero de menphis # 50 al Or de República Dominicana.
QQ∴ HH∴ que decoráis las Columnas de
este Taller:
Como Venerable Maestro, me corresponde hoy invitaros a volver la mirada hacia
uno de los momentos más profundos y, a veces, menos comprendidos de nuestra
iniciación: el Primer Viaje, aquel que se realiza bajo el signo del agua,
principio universal de purificación, de memoria y de vida.
En el
Rito de Memphis, heredero de antiguas tradiciones iniciáticas, el agua no es un
simple símbolo moral. Es la representación del mundo emocional, de lo invisible
que nos habita, de aquello que fluye constantemente en nuestro interior aun
cuando creemos estar en calma. El recipiendario, al enfrentarse al Primer
Viaje, no solo atraviesa un espacio ritual: atraviesa su propio caos interno.
El silencio, la incertidumbre y la vulnerabilidad que acompañan ese viaje
evocan el estado del profano antes de la Luz. En él emergen emociones
primarias: el miedo a lo desconocido, la duda, la resistencia, la expectativa.
Ninguna de ellas es condenable. Muy por el contrario, son necesarias, pues
revelan la verdad del ser humano frente al Misterio.
El agua nos enseña una lección esencial: no se purifica agitando, sino
aquietando. El agua turbia no se aclara por la fuerza, sino por el reposo. Así
también, QQ∴ HH∴, nuestras emociones no se
ordenan por la represión ni por el juicio severo, sino por la observación
consciente, en calma y en silencio.
Observar una emoción en silencio no significa ignorarla ni justificarla.
Significa permitirle existir sin identificarnos con ella. El Aprendiz aprende,
o debería aprender, a mirar lo que siente como quien contempla la superficie de
un lago: sin arrojar piedras, sin intentar detener las ondas, simplemente
siendo testigo de su movimiento.
Este ejercicio, tan sencillo en apariencia y tan difícil en la práctica, es uno
de los fundamentos de la verdadera disciplina interior. En el Rito de Memphis,
el trabajo no es únicamente intelectual; es vibratorio, interno y emocional. Un
masón que no se conoce emocionalmente corre el riesgo de proyectar sus sombras
sobre sus HH∴ y
sobre el Taller.
Por ello, os invito hoy, no solo a recordar vuestro Primer Viaje, sino a
revivirlo conscientemente. Preguntaos, QQ∴ HH∴:
¿Desde dónde hablo cuando hablo?
¿Desde la serenidad o desde la reacción?
¿Desde la comprensión o desde la herida?
La inteligencia emocional masónica no consiste en controlar a los demás, sino
en gobernarse a uno mismo. Así como el agua encuentra siempre su nivel, el
masón debe aprender a retornar al equilibrio interior antes de actuar, de
juzgar o de hablar.
El Primer Viaje nos recuerda que ningún progreso iniciático es posible sin
purificación constante. Y esta purificación no ocurre una sola vez, sino cada
día, cada vez que elegimos el silencio antes que el impulso, la observación
antes que la reacción, la conciencia antes que el automatismo.
Que este simbolismo del agua nos acompañe dentro y fuera del Templo. Que
sepamos ser firmes como la piedra cuando sea necesario, pero fluidos como el
agua cuando la vida nos invite a adaptarnos. Y que, como Venerable Maestro, os
exhorte a hacer de vuestro mundo emocional un espacio digno de ser iluminado
por la Luz.
Es Cuanto
S∴F∴U∴
Henry
Hernández Rodríguez
V∴M∴

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