Trazado presentado por Isidro Toro Pampols.·., Gran Orador de la Gran Logia de la República Dominicana, con el fin de coadyuvar en la misión que tienen los QQ.·. HH.·. oradores en las respectivas logias del Oriente Nacional.
V.·. M.·.
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oficiales en puestos
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Mes de enero, ciclos y Hércules en la Masonería
El mes de enero, primero en el calendario gregoriano el cual es utilizado en la mayoría de países, es el inicio de un ciclo de doce meses que culmina el mes de diciembre. Su nombre deriva del dios romano Jano, el de las dos caras, una que ve al pasado y la que orienta su mirada al futuro, lo que implícitamente expresa su significado. Igualmente, Jano se identifica con las puertas y los umbrales lo que implica la idea de transición y, por ende, fin y comienzo de un período.
El planeta tierra desarrolla su accionar mediante ciclos astronómicos que generan el día, la noche y las estaciones; ciclos biogeoquímicos que reciclan elementos vitales; además de ciclos geológicos que modelan la corteza terrestre, todos fundamentales para la vida y el clima.
En el paso de la tradición pagana al cristianismo, se asocia Jano con san Juan y en Masonería, cuyo acervo simbólico es afín con la arquitectura, con el solsticio de verano que se reconoce como la «puerta de los hombres» que funciona como la marcha entre lo antiguo y lo nuevo, lo terrenal y lo divino, preparando el camino para la llegada de la Luz mayor, el maestro Jesús. En la tradición pagana era una «puerta alegórica» a la adivinación y la magia, en Masonería a la Luz del conocimiento que te orienta en el sendero iniciático que lleva a cada iniciado hacia la Gran Logia Universal.
En el solsticio de invierno el dios pagano Jano se asemeja con el renacer de la luz solar. En la teórica cristiana se identifica con san Juan Evangelista quien revela a Cristo como la Verdad y el Camino, abriendo una senda espiritual hacia Dios, de allí que se reconoce como «puerta del cielo y/o de los dioses», lo que en Masonería se desarrolla como un profundo concepto de iniciación y crecimiento.
En astrología los signos zodiacales se conectan directamente con los solsticios y equinoccios, el solsticio de verano inicia en Cáncer, signo de agua, que se interpreta como la puerta de entrada de las almas, el agua como generación, purificación y regeneración; el de invierno inicia en Capricornio, signo de tierra, que es la puerta de salida, la tierra encarna la presencia divina y lo sólido de la existencia, siendo la «Madre Tierra» una entidad nutricia y receptiva a lo divino.
De allí que en la masonería asumamos la Logia de San Juan que no es otra cosa que la imagen del Cosmos, cuyos límites están representados por los dos solsticios: el Bautista cierra la antigua Ley y anuncia la Revelación Cristiana y el Evangelista cierra la revelación evangélica y anuncia la segunda venida de Cristo. Muchos autores masónicos trabajan el concepto de la Logia de San Juan como un indicio de que la masonería es detentadora del conocimiento esotérico cristiano. Insisto, ángulo que debemos abordar con la escuadra de la razón y el compás de la comprensión para no entrar en determinismos ni errar y caer en vericuetos indescifrables en nuestro camino iniciático.
La Antigua Grecia es, sin lugar a dudas, una de las raíces de nuestra cultura occidental que se identifica como grecolatina. La fe en la superioridad potencial del hombre se fundaba en dos explicaciones míticas: una, la de Prometeo, a quien, encadenado, las águilas devoraron vivo en castigo por haber regalado a la humanidad una chispa de inteligencia robada a los dioses; y otra, la idea sobre los linajes humanos los que proceden, de una u otra forma, de los dioses. Esto se ve claro en los «héroes», hijos mestizos de un padre divino y una madre humana, o viceversa. Si nos detenemos a meditar sobre lo señalado, tendremos mucho en que pensar.
Hércules, a quien los griegos llaman Heracles, era el más popular de los héroes de las antiguas leyendas griegas. Hijo del dios Zeus y de una reina humana de Tebas.
En su juventud cuidaba rebaños. Conduciendo un día sus animales, encontró en una encrucijada a dos diosas: una de ellas, bella como la primavera, prometió al mancebo una vida de placer si la seguía. Hércules le preguntó quién era; «soy la diosa del amor». La otra divinidad tenía un rostro grave y serio: era la diosa del deber. Dijo a Hércules: "El camino por el que te llevaré está erizado de dificultades y exige muchas renuncias, pero al final alcanzarás una gloria inmortal y un lugar entre los dioses del Olimpo". El joven le contestó: "Tú serás mi guía", una decisión prospectiva.
Hércules se puso al servicio del perezoso rey Euristeo de Micenas, quien le encargó doce trabajos de lo más difícil que pueda imaginarse, advirtiéndole que no sería emancipado de la esclavitud hasta haberlos completados. Hércules los llevó a cabo con pleno éxito y su proeza se hizo proverbial recordándose con el nombre de «los trabajos de Hércules».
En numerología doce trabajos, doce meses del año, el número doce se reduce a tres, o sea 12 es igual a 1 y 2, que sumados es igual a tres, guarismo que estudiamos desde el grado iniciático de Aprendiz por su extraordinario simbolismo. Hércules transitó el sendero que le impuso el devenir existencial y, al final, tras una diatriba humana, su alma fue acogida entre los dioses del Olimpo.
Mucha es la enseñanza, pero posiblemente la podemos resumir es una oración que descubre el camino iniciático que emprendimos cuando realizamos nuestra iniciación y vimos por vez primera la Luz como un sendero lleno de obstáculos que debemos sortear con la ayuda de las herramientas simbólicas que nos provee la masonería, siendo esta la vía para religarnos con el G.·.A.·.D.·.U.·. en la Gran Logia Universal.
Es cuánto.
S.·.F.·.U.·.
Isidro Toro Pampols
Gran Orador
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